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Teorías de la literatura: crítica e historia

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4 Teorías de la literatura; crítica literaria e historia de la literatura: los estudios literarios

El nombre de “teoría de la literatura” es muy reciente. Lo utilizaron por primera vez los formalistas rusos R. Jakobson, V. Sklovski y Boris Tomachovski. En el ámbito anglosajón utilizan el término “literary criticism”. El término “poética” es una alternativa clásica que reaparece en el Renacimiento.

El objetivo de la teoría literaria es intentar comprender qué es la literatura desde todos los ángulos posibles. Para ello Aristóteles intentó extraer principios de las obras que había leído e inventar conceptos que los expliquen. Arranca de lo concreto, la lectura, y crea conceptos cada vez más abstractos que permiten ver lo que tienen en común todas las obras. Llega a la conclusión de que la literatura es una forma de mímesis, imitación, de los hombres. La imitación es una forma de experimentar placer y de abrir vías de conocimiento. Para ello tiene que ser verosímil, hacer creer en lo que es imposible.

Aristóteles también se propone agrupar las obras literarias clasificándolas en géneros (Tema 8). Utiliza criterios de clasificación genérica fijándose en el medio de imitación, lo que le obliga a distinguir la literatura de otras artes. En el modo de representación dramático el autor se desplaza y le da voz a los personajes, mientras que en la narrativa puede estar simultáneamente la voz del autor y de los personajes. También los clasifica por el objeto de la imitación: no es los mismo imitar hechos por encima de lo que es un hombre normal (épica, tragedia) que imitar hombres normales o por debajo de lo que estamos acostumbrados (comedia).




La teoría literaria tiene una ambición casi imposible, así que puede haber varias teorías que se superponen. En la ambición una teoría literaria integradora de todas ellas hay un cierto fracaso.
Si miramos todos los planteamientos de teoría literaria podemos formular que ha habido teorías que han encontrado elementos suficientemente estables y convincentes que ayudan a comprender qué es la literatura. A este punto de vista lo podemos llamar esencialista. El esencialismo requiere estar convencido de que hay elementos de la literatura inalterables en el tiempo. Este punto de vista coincide con las teorías literarias que se centran en las cualidades de la obra (formalismo ruso, estructuralismo, nueva crítica, reconstrucción, etc.). Atienden fundamentalmente al lenguaje porque creen que es algo esencial en la literatura, proponen que el leguaje de los textos literarios es muy distinto al habitual. R. Jakobson habla de la “palpabilidad del lenguaje” literario: “El lenguaje literario tiene una función poética”. Este convencimiento es una esencia intemporal.

El contextualismo niega las visiones esencialistas. Lo literario no se define por un valor esencial, sino contextual. No se puede definir lo literario intemporalmente, hay que atender a la relación del texto con los distintos lectores en sus contextos. Para el contextualismo, el esencialismo es un idealismo (cuánto ismo). Las teorías contextualistas son las lectoras (teoría de la recepción, respuesta lectora, feminista), marxistas, historicistas, etc.

CRÍTICA LITERARIA

En el mundo anglosajón, el término “crítica literaria” es equivalente a teoría literaria, lo que puede llevar a confusión. En otros ámbitos, crítica literaria es la proyección en un texto concreto de algunos conceptos de teoría literaria para comprender e interpretar ese texto. La teoría se mantiene en un ámbito de abstracción, mientras que la crítica es una concreción sobre un texto inevitablemente subjetiva. Entre la teoría y la crítica, por lo tanto, hay una necesaria complementabilidad.

Al igual que hay múltiples teorías literarias, hay muchos tipos de crítica, en gran parte porque la crítica se afinca en la subjetividad y se aferra a conceptos de los distintos tipos de teoría literaria.

La crítica es fundamentalmente la interpretación de un texto condicionada tanto por la objetividad del texto como por la subjetividad del crítico. Hay un equilibrio entre la decisión autorial y el lector crítico que se aproxima al texto desde su subjetividad. Hay un riesgo de que el lector sobre interprete el texto, según Derrida. El otro extremo sería reconocer en el texto una interpretación objetiva indiscutible a la que hay que ceñirse. La crítica también puede aspirar a ser simplemente descriptiva de las formas del texto.

Hacer crítica es formular un pensamiento sobre una obra, un autor o el arte. Es una forma de mediación, un intermediario entre el texto y un lector. El crítico no escribe para sí, sino para unos lectores que acuden a él para orientarse. Esta crítica sería una forma de evaluación estética, de asignación de un valor en la obra. No toda la crítica se centra, sin embargo, en la formación de un valor porque admite rutinariamente o inercialmente valores establecidos. Ahora bien, también pertenece al ámbito de la crítica académica la reformulación de los juicios anteriores. Otra parte de la crítica se centra en la actualidad o revisa nuevas ediciones de obras anteriores. Esta crítica debe aspirar al mismo rigor que un ensayo.

La teoría literaria de los últimos años ha decidido que es muy complicado, casi imposible, hacer una valoración objetiva de las obras. A través de ese escepticismo se llega a la relectura de los clásicos.

Crítica como institución literaria: la crítica es fundamental para la institución literaria, ya que decide qué valores merecen ser tenidos en cuenta.

Tradicionalmente se ha aceptado que por una parte está el texto literario y en segundo lugar la crítica literaria. La posición del crítico es entonces secundaria. Pero a partir de los años 70, con R. Barthes, se baraja la idea de que no se puede diferenciar el texto primario del secundario, y de que el crítico debe aspirar a ser escritor. Esto ha dado como consecuencia a críticos que aspiran a hablar de su lenguaje con el pretexto del texto literario. Se encumbra al crítico a una categoría creativa que antes no tenía.

HISTORIA DE LA LITERATURA
- H. Bloom: “Angustia de las influencias”, “Canon occidental”
- S. Greenblatt: “Nuevo Historicismo”

Si la teoría de la literatura pretende proporcionar ideas transtemporales, la historia de la literatura parte de un sentido temporal del texto. Esta inserción del texto en el tiempo da lugar a una reelaboración o reconstrucción del pasado, que responde a la necesidad humana de la recuperación de la memoria. Este historicismo empieza a adquirir importancia en el Renacimiento. También hay un proyecto, la literatura comparada, que compara las conexiones entre distintas nacionalidades, ya que la historia de la literatura lleva necesariamente a puentes transnacionales.

Los proyectos historicistas han atravesado distintas etapas, se han visto afectados por las ideas dominantes en un determinado momento histórico. Las teorías literarias se pueden simplificar en dos bloques: contextualistas y esencialistas. Estas dos tendencias también influyen en el proyecto historicista.

Los esencialistas sugieren un proyecto histórico. Los formalistas rusos propusieron en los años 20 una historia de las formas literarias. Las formas cambian: aparece una modalidad literaria, se consolida y degenera. La degeneración genera cansancio, por lo que se necesitan formas nuevas. Los formalistas también concebían la literatura como una “serie cultural” que configura un sistema propio. La literatura no es ajena al resto de las artes y hay que estudiar la interacción entre ellas.

Angustia de las influencias: H. Bloom concibe el pasado literario como una tradición profunda y creadora en la que los autores se interrelacionan por una especie de competencia que desemboca en la originalidad o en la mera imitación. Cuando desemboca en la originalidad el autor presente ha sido capaz de defender su singularidad y ha vencido a sus competidores, que son los autores pasados. Un autor vencido es un escritor secundario.

En el contexto de la literatura americana multicultural actual, que ataca a las jerarquías, Bloom propone una idea muy contraria a la predominante: la reconstrucción de un canon occidental. Intenta demostrar que sí existe una jerarquía que justifica la existencia de la Universidad. Toda historia de la literatura es el reconocimiento del canon, de las obras más representativas de occidente.

El otro gran proyecto histórico es el contextualista. Confía en que la única forma de comprender la literatura es vinculándola a la sociedad en la que fue creada. El primer proyecto de este tipo es el de Marx: toda forma cultural ha de entenderse por la economía.
La teoría de la recepción de Jauss fue inicialmente un proyecto de historia de la literatura en la que se reescribe la historia recurriendo al parámetro lector.

El Nuevo Historicismo de Greenblatt es un intento de colocar la historia en el centro de la teoría literaria. Durante 40 años la teoría estuvo dominada por el New Criticism de autores como Ramson o Brooks, que no creía necesaria la historia para interpretar un texto. En este contexto, Greenblatt intenta recuperar la historia en la crítica y la teoría de la literatura. El Nuevo Historicismo es el proyecto contrario al de H. Bloom. Ataca la individualidad genial y se centra en la importancia determinante de las fuerzas sociales en la literatura. Las creaciones artísticas quedan diluidas en la sociedad, son una creación de la misma, una idea influida por la Reconstrucción de Derrida.
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On June 10th, 2006 09:50 am (UTC), painkillers commented:
odio el word, cada vez que escribo deconstrucción lo cambia por reconstrucción
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